De cómo el público puede confundirse y pagar innecesariamente dinero de más con la Yoga Alliance

El presente artículo ha sido escrito como respuesta a las constantes preguntas de los interesados en formarse como enseñantes de yoga y que desean saber si los entrenamientos de IKYU se encuentran avalados por la YOGA ALLIANCE.

No hemos querido afiliar nuestro entrenamiento a la Yoga Alliance pues no consideramos necesario sujetar la enseñanza de la yoga a una entidad cuya utilidad no nos resulta clara teniendo en cuenta que los criterios de calidad que aplican no son suficientes para garantizar una buena capacitación y profesionalización de los enseñantes y en cambio resulta más gravosa económicamente para quienes toman los cursos.

La yoga es un arte y una ciencia que se ha venido desarrollando desde hace miles de años en diferentes contextos históricos, geográficos y por ende culturales, como respuesta y solución a un único interrogante filosófico atinente a otorgarle un sentido superior a la existencia humana a partir de la trascendencia del sufrimiento (ignorancia – apego) y el aprovechamiento y desarrollo de sus potencialidades físicas, mentales y energéticas (kundalini – samadhi).

Las soluciones a la mencionada problemática han sido múltiples, lo que ha generado gran diversidad de desarrollos filosóficos, técnicos y metodológicos propuestos y sistematizados por notables maestros, guías y gurús alrededor y a partir de los cuales se han formado las diferentes escuelas y caminos filosóficos y “espirituales” que aunque en ciertos casos pueden parecer opuestos, buscan de una u otra manera logros similares.

Para agudizar lo anterior, y como respuesta a los radicales cambios en los paradigmas de esta nueva y multi diversa humanidad, en los últimos años ha venido ocurriendo un interesante fenómeno de diversificación de propuestas de yoga, prácticamente una para cada gusto y necesidad individual. Lo que antes era un aporte de unos cuantos sabios al desarrollo de la humanidad (y siendo mal usada por otros también como herramienta de reclutamiento religioso), se ha venido adaptando a las actuales dinámicas económicas de consumo, y convirtiéndose entonces en un jugoso y lucrativo negocio.

Este fenómeno de mercantilización de la yoga ha tenido el resultado de que cada vez más gente conozca y aproveche sus beneficios, pero al mismo tiempo ha deteriorado su calidad convirtiéndola en muchas de sus ofertas actuales en una superficial actividad física y/o religiosa que tiende a afianzar los patrones de ignorancia en los practicantes, quienes pueden llegar a gastar grandes cantidades de dinero por ese tipo de ofertas.

Atendiendo a esta tendencia de diversificación y mercantilización de la yoga ha venido posicionándose en el mercado una institución denominada YOGA ALLIANCE, cuyo objeto es precisamente reconocer la diversidad de propuestas de yoga, ofrecer un espacio desde el cual puedan promover sus entrenamientos de instructores y profesores de yoga, y disponer de unos criterios unificadores para la capacitación en la enseñanza de la misma.

La YOGA ALLIANCE afilia a escuelas y profesores que ofrecen entrenamientos a instructores y profesores de yoga, y si cumplen en sus programas de formación con los criterios dispuestos por la ALLIANCE los avala y pone en los diplomas su logo.

Esta propuesta tiene muy buenas intenciones y de hecho ayuda a elevar el nivel y la calidad de los entrenamientos.

Sin embargo, hay varias consideraciones de gran importancia que deben ser analizadas para ver más allá de las apariencias que el tema ha venido ofreciendo:

  1. Un intento de unificación de criterios para la capacitación de enseñantes de yoga por bien intencionado que sea sólo puede estar desembocando en un infructuoso sesgo, generando el riesgo además de que se geste una monopolización de la enseñanza y el ejercicio de la yoga como creo que es lo que puede estar sucediendo actualmente.
  2. Este tipo de iniciativas generan confusión entre el público que puede llegar a pensar que es la Yoga Alliance la que sustenta la verdad única sobre el aprendizaje en yoga, llevándolo a ignorar excelentes escuelas tradicionales como las de Iyengar, Desikashar, Yogananda, Veda Bharati, las diferentes ramas budistas y Satyananda Yoga, (reconocida oficialmente por el gobierno de la India como Universidad de Yoga), esto simplemente porque no están afiliados a la Yoga Alliance. De hecho, las más tradicionales y reconocidas escuelas de la India NO se encuentran vinculadas a la Yoga Alliance (salvo Sivananda Yoga y otras pocas más) tal vez porque sus estándares de formación superan ampliamente los de la entidad en cuestión y porque no tiene sentido condicionarse por una entidad norteamericana con criterios del “mundo occidental”.
  3. La otra confusión que se genera es al respecto del registro. He notado que en los últimos años las personas han venido pensando que la Yoga Alliance es el organismo que a nivel mundial sustenta con su registro los títulos de enseñantes de yoga y eso es completamente errado. Creen que sólo pueden trabajar a nivel mundial si están en el Registered Yoga Teacher (RYT®) pero desconocen que el ejercicio de la enseñanza de la yoga no está regulado en el planeta por ninguna entidad y que sólo en algunos países existen regulaciones específicas. Es una confusión bastante delicada en la que incurren las personas a causa de la forma como se ha venido promoviendo la Yoga Alliance que no aclara dicha circunstancia dejando en el aire más que la duda, una sensación de monopolio, no creo yo que malintencionadamente sino que inadvertidamente. La solución a esto ya ha existido desde hace más que los 17 años de existencia de la Yoga Alliance pues cada escuela guarda sus propios registros y en casi todos los países hay asociaciones y agremiaciones de yoga que sustentan a sus enseñantes miembros.
  4. La consideración a mi modo de ver más importante es que no es necesario pagar de más a una entidad que sólo otorga un logo que sustenta un branding bajo la oferta de unos estándares de calidad que no logran garantizarla y que enlista en un registro a los miles de profesores que por cantidades industriales se titulan anualmente. La experiencia propia nos ha presentado profesores certificados con ese branding, entre otros más, que no cumplen con las condiciones mínimas de desarrollo personal y competencia profesional, aunque aclaro, esto no demerita de ninguna manera la calidad de muchos profesores que como otros que he conocido hacen honor su titulación avalada por la Alliance.
  5. Un efecto adicional muy interesante en todo este asunto es que los estudiantes comienzan a creer la necesidad de ir acumulando onerosas horas de entrenamiento con la sensación de ir ganando títulos (como si fueran puntos de consumo acumulados) para ser más competitivos profesionalmente, lo cual tampoco es cierto pues al igual que en cualquier otro arte no es el diploma, la certificación o los puntos los que habilitan la competencia e idoneidad. Es cierto que capacitarse permanentemente es absolutamente indispensable pero me pregunto a qué costo es necesaria la capacitación. Eso hace que estemos ad portas de una magna replicación del modelo mercantilista de la educación formal a la formación de los enseñantes de yoga.

Para concluir, este tipo de tendencias y comprensiones pueden resultar excluyentes, monopolizadoras y desestimadoras de la calidad e importancia de las líneas, escuelas y tradiciones que no desean formar parte de ninguna alianza o agremiación.

Finalmente, los aspirantes a enseñantes de yoga deben sopesar si para formarse como yoguis y como tal crecer humana y técnicamente, realmente es útil y necesario pagar de más por un costoso cartón con una marca en posicionamiento, y qué tanto de verdad van a recibir por lo que pagan.